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ESTADOS UNIDOS.- En Pensilvania, si vas a socializar con tus amigos, se supone que deberían usar mascarillsa. Esa es la regla, pero Barb Chesnut no pretende cumplirla.

“Nadie me va a decir qué puedo y qué no puedo hacer en mi propia casa”, dijo Chestnut, de 60 años. “No pagan mis cuentas y no me van a decir qué hacer”, agregó la habitante de Shippensburg.

A medida que gobernadores y alcaldes luchan contra una pandemia fuera de control, han intensificado el requerimiento de uso de mascarillas e imponiendo restricciones a pequeñas reuniones en interiores, a las que se les atribuye la aceleración de la propagación del coronavirus. Pero aunque dichas medidas son legales, en términos prácticos no son ejecutables y las autoridades apuestan por un cumplimiento voluntario.

Suerte con eso.

Aunque sin duda muchos acatan las recomendaciones de salud pública al reducir sus planes del Día de Acción de Gracias, evitar reuniones y usar mascarillas cuando están con personas que no viven bajo su propio techo, es inevitable que un segmento de la población de todos modos socialice e ignore las nuevas restricciones estatales y locales.

Los expertos advierten que eso podría saturar a los ya rebasados hospitales, y provocar un mayor aumento en enfermedades y muertes durante las festividades.