No le viene para nada bien a la vida pública la existencia de una oposición endeble, débil e inconsistente.

En medio de la transición partidista en la que andamos las oposiciones están desfiguradas. A esto sumemos que Morena sigue siendo más un movimiento que un partido político; sigue estando bajo un proceso de definición en este sentido.

El lío que se le viene en los próximos meses es grande, van a enfrentar una elección interna que se presume crispada. Seguramente se van a entender, pero su gran reto será lograr la cohesión interna y que el movimiento-partido no sea dinamitado.

Por ahora no está claro quién puede ganar y tampoco está claro hasta dónde llegará la mano de su líder omnipresente López Obrador. El Presidente ha dicho que no se meterá, la cuestión está en si dejará que el proceso se desarrolle con confrontaciones y quizá con un conflicto que parece anunciado.

Como sea, no se ve la posibilidad de que Morena pierda la hegemonía. El gran reto sigue siendo su actuación como partido en el poder en medio de un escenario que le es abrumadoramente favorable.

La imperiosa necesidad de que Morena se consolide como partido político es prioritaria para el fortalecimiento del endeble y desigual sistema de partidos.

Las oposiciones están tratando de encontrarse a sí mismas. Algunos partidos vivirán como lo han hecho hasta ahora en medio del oportunismo, acomodándose según vayan viendo los escenarios, es la esencia de su historia.

Los partidos otrora grandes están en un bache del cual no se ve nada fácil que salgan, siguen atrapados y sin digerir su abrumadora derrota. Lo único que los articula es su presencia en el Congreso porque fuera de él andan entre perdidos y como zombis.

La elección del PRI del domingo muestra el cúmulo de contradicciones que vive el tricolor. Parten de un intento loable por llevar a cabo una elección limpia y transparente; sin embargo, terminan desarrollando un proceso con todos los vicios que históricamente se le han señalado.

Cómo estarán las cosas que la candidata a la presidencia del PRI Ivonne Ortega no había ayer reconocido el triunfo de Alito, y eso que los números que se mostraron por los propios priistas son contundentes en favor del campechano.

Al mismo tiempo, el presunto candidato ganador Alejandro Moreno no se ha podido quitar los señalamientos de muchos de sus correligionarios, en el sentido de que tiene el visto bueno de López Obrador, aunque el Presidente diga que le “aburre” la elección priista.

El otro señalamiento a Moreno tiene que ver con el supuesto apoyo del bailarín y sistemáticamente señalado Peña Nieto.

Quizá el PRI resuelva lo inmediato, pero es un hecho que su imagen y deterioro es definitivo. Revertir su mala imagen es una tarea titánica, porque además de que no hay día en que el gobierno le recuerde a la sociedad mexicana el deterioro y el “batidillo” en que el pasado gobierno dejó las cosas; a la memoria colectiva no le pasa de largo lo que vive en carne propia y los innumerables escándalos de corrupción.

A estas alturas parece que al PRI sólo le queda vivir de su pasado. Todo indica que en las siguientes elecciones podría perder buena parte de las gubernaturas que actualmente tiene. No se ve cómo le pueda hacer frente al tsunami, que por las encuestas que se han dado a conocer estos días se mantiene en los mismos niveles.

Son fundamentales para la gobernabilidad y el equilibrio de poderes las oposiciones; sin embargo, no se pueden inventar ni sacar de la chistera.

PAN, PRD y PRI se ven como atrapados sin salida y mientras no se sacudan a Morena podrá seguir como hasta ahora, voy derecho y no me quito.

RESQUICIOS.

Michoacán sigue viviendo bajo una violencia que parece interminable. Por más que haya explicaciones en el sentido de que CJNG y Los Viagra están peleando la plaza, tenemos que luchar por no perder la capacidad de asombro ante lo que pasó en un puente de Uruapan.