Si nos atenemos a lo que ha sido la política de EU no tiene mucha razón de ser el que le hayan retirado los cargos al general Cienfuegos.

Basta con recordar cómo se echó a andar el aparato mediático para señalar al general y colocarlo como el ejemplo de corrupción y de la presunta relación entre integrantes de las Fuerzas Armadas y los cárteles de la droga.

Los adjetivos no vinieron sólo de EU, López Obrador habló de una limpia en las Fuerzas Armadas. Se arremetió en serio en contra de Cienfuegos reparando poco o nada en el valor y peso de las acusaciones; algunos hasta plantearon la idea del narcoestado.

No tenía mucha lógica, sigue sin tenerla, que un general de tal envergadura estuviera ligado a un cártel de poca monta. Los argumentos que se mencionaron en su contra eran cuestionables. Parecía fuera de cualquier lógica que el titular de la Defensa Nacional se jugara su prestigio y poder relacionándose con un cártel que con relativa facilidad acabó diluyéndose, ante la acción precisamente de las Fuerzas Armadas.

El Gobierno mexicano reaccionó como en cámara lenta cuando EU detuvo al general. Para lo que sirvió el momento fue para arremeter contra el pasado perdiendo de vista lo que estaba significando la detención en dos vías: la abierta intromisión de la DEA en nuestros asuntos, una vez más, y la detención de quien fue uno de los máximos responsables de la seguridad nacional del país entre 2012 a 2018.

Por más explicaciones que se estén dando, no están muy claras las razones por las cuales la fiscalía de EU ha tomado una decisión tan importante en un asunto que, según la propia dependencia, lo llegó a considerar estratégico y de enorme importancia; se dijo que fue un “gran triunfo de la DEA”.

La agencia ponderó que con este tipo de estrategias se cerraba el paso de las drogas. Esta afirmación confunde aún más, debido a la relevancia que le conceden las autoridades a quienes están metidos en el tráfico de las drogas.

A manera de hipótesis quizá las pruebas no eran lo suficientemente fuertes para llevar el caso a sus últimas consecuencias.

Lo que vino después de la cámara lenta, bajo la cual se movió el Gobierno mexicano, fue una reacción diplomática decidida. Es evidente que se suscitaron diferentes lecturas internas de la trascendencia del caso. No solamente era un golpe a las Fuerzas Armadas, estaba también de por medio colocar ante un jurado de EU, ni más ni menos, asuntos de seguridad nacional del país.

No se puede tampoco pasar por alto la eventual inconformidad al interior del ejército de lo que estaba presentándose. La Sedena estaba expuesta en medio de una acusación en contra de un importante general con base en pruebas que merecían mayor rigor, es probable que mandos militares lo hayan hecho ver y saber al Presidente en medio de la relación tersa y de cercanía que llevan.

Inevitablemente corre la idea de lo que se pudo negociar. Estamos ante una inédita decisión de la fiscalía de EU en un tema que le es de enorme relevancia, no sólo en los ámbitos de la política sino también en el imaginario colectivo del país.

Lo que viene es también confuso. ¿Qué van a hacer las autoridades mexicanas con Salvador Cienfuegos? No hay indicios de que se haya abierto una carpeta en su contra de no ser que de manera inmediata retomen las acusaciones que le hizo la DEA, las cuales deberán pasar por una revisión detallada por más de un motivo.

Un caso cargado de especulaciones desde su inicio y que hoy mantiene su dosis de confusión y especulación.

¿Se negoció algo en este toma y daca? EU no da así como así su brazo a torcer y menos en estos temas. Le digo estamos entre la confusión y la inevitable especulación.

RESQUICIOS

Un elemento más que abona a todo esto son las innumerables críticas que desde EU se hace sobre el sistema penal mexicano. Quizá en el paquete en una de ésas les dio por cambiar de opinión.