Se pregunta Agustín Basave en su libro “Mexicanidad y Esquizofrenia”: “¿Qué transforma a una comunidad en turba? ¿Qué hace que un grupo de ciudadanos comunes se tornen asesinos? La respuesta más socorrida es, la injusticia.” Concuerdo con él.

Y es que, cómo esperar que no se acumule la ira individual y colectiva que da lugar a los peores instintos humanos, cuando ya ni siquiera la expectativa es justicia -pues deja mucho que desear en nuestro país-, no hay ni empatía, que considero es el primer paso hacia un gobierno justo y una sociedad justa.

Y, aunque con humilde autocrítica sostengo que sobre esa falta de empatía pudiere no estar exento en ocasiones ninguno de los tres niveles de gobierno, y a veces tampoco sectores de la sociedad, en la columna de hoy me refiero en específico a la jefa de gobierno de la ciudad de México, Claudia Sheinbaum.

Porque recién la abordaron medios de comunicación para preguntarle si tenía un mensaje o postura sobre las expresiones y marchas que mujeres han emprendido para expresarse en la capital del país, a lo que ella solo respondió reiteradamente: “No, ahorita, no”, con un tono soberbio, grosero y absolutamente falto de empatía ante el reclamo social de las mujeres y, a veces, es eso, precisamente eso, el no sentirse escuchados, lo que genera que se radicalicen negativamente las manifestaciones sociales.

Y es que el caso Ingrid Escamilla, esta mujer de 25 años de quien se difundieran imágenes tras ser asesinada y desollada por su pareja sentimental, es solo un ejemplo representativo de lo que ocurre en el país en materia de feminicidios, y estimo, que lo que prioritariamente debiera notarse, incluso antes que destellos de justicia, insisto, es la empatía, la necesaria, y de todas las autoridades en relación al tema y a las consecuencias que ha desatado el mismo.

¿A dónde hemos llegado? Lo sé. Pero exijamos el nivel de empatía necesaria en todos los rubros y en todos los niveles de gobiernos y exijamos lo propio hacia nosotros mismos, como primer paso hacia la justicia.

La cuarta transformación requiere dejar el rezo y la retórica vacía. La cohesión social, creo, se nutre de la sensibilidad por la necesidad del tercero, al actuar: no al hablar. Pero para actuar hay que primero tener empatía...

Muy mal mensaje dio la jefa de gobierno de la ciudad de México, ojalá solo haya