La palabra crisis tiene dos acepciones, una, la más socorrida, es peligro, pero la otra, la menos favorecida es oportunidad.

Por ello resulta relevante observar con detenimiento en las redes sociales, las expresiones que emiten las víctimas de la crisis, o sea todos.

Porque todos somos víctimas de esta pandemia, no creo que haya uno solo que no padezca actualmente en el mundo algo, vamos hasta las mascotas familiares lo están resintiendo. Para mi resulta muy impactante la mirada de mis perros cuando regreso a casa por una salida esencial, ellos me buscan y se acercan con mayor énfasis, pero sobre todo con una mirada de preocupación que me hace feliz, pues actualmente solo puedo abrazarlos a ellos.

Saludar a la distancia, inclusive a la madre de uno resulta doloroso, la falta de muestras de afecto, causan en mi mente un efecto nocivo, me han hecho más irritable, lo cual resulta preocupante, pues no puedo ni debo perder a mis amigos virtuales, ya que actualmente es lo único que tengo cerca. Extraño a mis nietos y sus abrazos en mis piernas, me falta el amor incondicional que prodigan y su mirada expectante ante lo que voy a decir.

Sin embargo, veo con optimismo los esfuerzos de algunos que se deprenden de algo para tratar de paliar las necesidades actuales, ejemplos hay muchos en todo el país, jóvenes utilizando sus impresoras 3D para crear artículos necesarios en los hospitales, maestros dando clases desde su hogar aprovechando la tecnología, a la vista de sus alumnos, interactuando y cumpliendo con su compromiso de educar, otros como los de aquí de Matamoros, convirtiendo su taquería en Comedor Humanitario, mientras su insumos se agotan, pero manteniendo el servicio pues otros se acercan a volver a surtirlo, para que los pobres y con hambre, no padezcan de más, otros dispuestos a fabricar cubre bocas para distribuir gratuitamente en la ciudad, pues una gráfica mundial demuestra que el uso de ellos, baja el índice de contagios.

De todo esto se entera uno por las redes sociales, no doy los nombres de ellos porque simplemente lo hacen por ayudar, no como plataforma política. Pero independientemente de sus creencias religiosas, me queda claro que alguien muy poderoso se los va a premiar, pues no ven el peligro que corren, sino la oportunidad que se les presenta.

Hay otros que sus esfuerzos los comercializan, pero no vamos a criticarlos pues no sabemos las necesidades que tengan.

Lo lamentable de esta condición en que vivimos, es que afloran en las redes las intenciones políticas por doquier, el miedo sembrado desde antes del conocimiento del coronavirus, mantiene susceptible a una sociedad debilitada en su capacidad de raciocinio y en la memoria colectiva.

Ya nadie recuerda que hubo una vez un Presidente que se supone mando asesinar a su sucesor, con la única finalidad de justificar el voto sentimental, tampoco recuerdan que hubo otro Presidente que tenía que utilizar un vocero para que nos explicara “Lo que el Presidente quiso decir”.

Del “Los mexicanos hacen el trabajo que ni los negros quieren hacer” al “Este virus nos cayó como anillo al dedo” no hay mucha diferencia, sin embargo, en la época del “Comes y te vas” no recuerdo una campaña tan insistente en el derrocamiento.

Se y me queda claro que tras la política existen muchos intereses económicos, lo que no me queda claro es que esos intereses hayan beneficiado a tantos inconformes que ahora se muestran vivos en WhatsApp, lo que me demuestra, es que están siendo bombardeados y replican todo sin análisis previo.

A pesar de que tienen en su mano la computadora necesaria para consultar en Google, con simplemente escribir varias palabras claves, no lo hacen, pues por inercia simplemente lo comparten.

Pero lo que más me sorprende, es la vehemente defensa que realizan, ya con sus propias palabras; de actos que no conocen, de figuras que jamás vieron, de entes que se beneficiaron sin duda del poder que acumularon.

El mayor ejemplo es Felipe Calderón, quien en esgrima verbal en twitter, reconoció públicamente estar atrás de las campañas de desprestigio, al aceptarle directamente a López Obrador, la tregua propuesta por este.

Hay una frase que acuñé hace tiempo y que regularmente la utilizo en mis artículos: La palabra escrita, es un espejo que refleja EL ALMA.