Bajo las condiciones en que se ha desarrollado la relación entre México y EU es inevitable que nuestro país forme parte ya de los debates en el proceso electoral del vecino país. Si antes no nos volteaban a ver, ahora somos parte de la agenda, quizá como nunca antes lo fuimos.

Son muchas las razones. De referente menor hemos pasado a ser eje de sus discusiones, debates y fobias, sin dejar de considerar que nuestros vecinos son una nación que acostumbra sistemáticamente a verse en su espejo. Parece ser que les es más preocupante la distribución de las drogas desde México que el mismo consumo en su país.

Los precandidatos a la presidencia han entendido que deben estar atentos en los medios hispanos y por más que no lo quieran deben aceptar entrevistas e incluso integrarlos a los debates. La comunidad hispana, mayoritariamente mexicana, ya define las elecciones.

En el proceso electoral del 3 de noviembre del 2020 nuestro país va a ser uno de los centros de atención y discusión, nunca como ahora seremos tema en lo político y económico, estamos en la línea de la atención, alerta y alarma. Si antes los asuntos del país podían pasar de largo hoy se ubican en los primeros espacios de los diarios, los portales y noticiarios de radio y televisión.

En plena campaña electoral de EU más vale que nos vayamos preparando porque se van a decir muchas cosas feas sobre el país. No va a importar que sean prejuicios, dichos, estigmas, adjetivos, expresiones de racismo y de nuestra terca realidad.

Estas muy difíciles semanas para el Gobierno de López Obrador ya son parte del proceso. El editorial de The Wall Street Journal del martes habla de una posible participación de EU para frenar la violencia en el país. La afirmación no es casual y es probable que este tipo de opiniones y deseos pasen por la cabeza de muchos estadounidenses.

La reacción ante el brutal ataque a la familia LeBarón ha echado a andar fantasmas y los sistemáticos deseos intervencionistas. Los medios en EU están exponiendo los nuevos escenarios sobre la violencia en el país y cómo ha venido actuando el Gobierno mexicano.

La forma en que The New York Times, The Washington Post, Boston Globe y CNN, entre muchos otros, informaron sobre la inhumana agresión contra la familia LeBarón fue a través de un lenguaje severo, poco contemplativo, señalando y fustigando al Gobierno, por más que se reconozca lo que le ha tocado heredar.

Lo que pasa en el país es de suyo lamentable, doloroso y sumemos la palabra triste. A esto hay que agregar la lectura que se está dando en el mundo, y en particular en EU, de lo que pasó en Culiacán y con los LeBarón.

El país está enredado con la violencia, la cual ante los recientes hechos entra en los terrenos de la sobredimensión, la alerta y la alarma. Así es como se están viendo las cosas fuera del país, así es como se van a ver a lo largo del proceso electoral estadounidense.

Somos vecinos y por más que el Gobierno haya querido llevar la relación en paz con Trump los hechos están construyendo nuevos escenarios en la relación bilateral, los cuales eventualmente podrían rebasar a los propios mandatarios.

Los ofrecimientos e insinuaciones que desde EU se le están haciendo al Gobierno mexicano pueden estar formando parte de una corriente de opinión, la cual puede pesar profundamente e influir en el proceso electoral.

Trump no ha dado indicios de confiabilidad. Sus relaciones con el mundo son por definición trompicadas, y a pesar de que hoy se hable de respeto mutuo y “del gran Presidente mexicano”, resulta difícil confiar y más cuando de por medio está la presidencia de su país.

RESQUICIOS.

“Nunca he utilizado un lenguaje que estigmatice a los periodistas… no los veo como mis enemigos sino como adversarios… nunca me he quejado de un periodista en particular. Nunca lo hemos hecho y hemos padecido guerra sucia orquestada por medios nacionales e internacionales”, López Obrador en la mañanera de ayer.