Qué difícil es en estos días matizar. O se está total y fervientemente a favor de Evo Morales y su llegada a México sin considerar las formas y el recibimiento, o se está absolutamente en contra sin considerar la Constitución y la tradición humanista. O se festeja el golpe militar sin pensar en el mal precedente que sienta, o defienden a capa y espada a Evo sin hablar del fraude electoral o su actitud dictatorial. Cada quien elige lo que le conviene. Incongruencias viscerales de los dos lados que hacen muy complicado abordar este tema con algo de templanza. Los sentimientos están a flor de piel, y la razón olvidada.

Algunos, desde la derecha, ven a Evo Morales como el mismísimo demonio y lo comparan con Hugo Chávez o Nicolás Maduro, y aunque hay similitudes, hay muchas diferencias también, empezando con el hecho de que Morales no es militar, y que aunque ha recurrido a métodos no muy democráticos, no es al grado de Venezuela. Otros, desde la izquierda, comparan a Evo Morales con Ángela Merkel, sin ver las diferencias de sistemas políticos, de que hasta ahora no ha habido ninguna prueba de fraude en Alemania, y que además ella ha gobernado en coalición con partidos completamente opuestos y siendo solo jefa de gobierno del país, teniendo a un jefe de Estado que es el presidente de la República.

Entonces, ¿se vale criticar tanto el golpe de Estado como el fraude electoral en Bolivia? ¿Se vale estar de acuerdo con el asilo político por causas humanitarias y a la vez cuestionar las formas? Por supuesto que sí. Y también se vale aceptar que durante el largo gobierno de Evo Morales sí hubo avances en materia de combate a la pobreza, educación y empleo, al mismo tiempo que se puede condenar la imposición de un gobierno de pensamiento único con muchas características de dictadura en Bolivia.

APUNTE SPIRITUALIS. Es urgente que nos calmemos. Hay que respirar hondo y aunque la objetividad absoluta es imposible, sí podemos hacer el intento de ver las cosas de la manera más racional y desinteresada posible. El mundo lo necesita.