¿Qué estás dispuesto a compartir con tal de tener seguidores?

El morbo activa nuestras pasiones más primarias, esas que nos hacen sentirnos atraídos por el miedo, lo desagradable y lo malvado, y esta conexión muchas veces nos termina arrastrando.

¿Recuerdas cuando le diste click a esa imagen sangrienta o te recuerdas disminuyendo la velocidad en la carretera al pasar por un accidente?

¿Cómo competir con el morbo que nos atrae tanto?

Estamos inundados de sangre, violencia, exhibicionismo, banalidades, estilos de vida insostenibles, peleas y falta de pudor.Y lo no menos peor, el morbo es la causa del poco talento en las cosas que compartimos cada día. Es la razón de las múltiples transmisiones en medios de comunicación durante el rescate de personas ya sin vida en hechos trágicos, de una mayor transmisión de realities, más espacio a pleitos y sexo, y un tiempo menor para reportajes de contenido y análisis, en una mecánica en la que salimos perdiendo todos.

Evitemos convertirnos en una sociedad con niveles de morbo que sólo hemos visto en películas, como éste relato de humor negro que encontré en la red y que les quiero compartir:

Se trata de una competencia en cadena nacional, tipo reality, en la que el ganador será el primero en fallecer por fumar en exceso.

El premio sería obviamente post mortem, e incluiría homenajes, la develación de una estatua, el rostro del ganador en cajetillas de edición especial y hasta la extirpación de sus pulmones para ser exhibidos en un museo dedicado a las estrellas.

Pre-requisito obligatorio: tener una enfermedad que se acrecentará al fumar excesivamente.

El concurso inició con 10 participantes y mes a mes fueron siendo eliminados mediante el voto de la audiencia al considerar que les faltaba espíritu de autodestrucción.

En una parte de la dinámica saldría de la competencia quien produjera menos ceniza y, sin dar nombres, se realizaban tomografías periódicas que eran mostradas a la audiencia.

El público fue testigo de cada fallecimiento, de cada comprimido tomado para el dolor y del cómo se fueron dañando poco a poco sus pulmones, hasta que hubo un ganador y se volcaron a los funerales, agotaron la edición especial de cigarrillos y abarrotaron el museo donde efectivamente se exhibieron los pulmones del “triunfador”.

Lo peligroso es que el relato suena tan absurdo como antes era pensar en programas con historias de personas que vendieron su privacidad por unos cuantos millones.

No ¨normalicemos¨ conductas ni perdamos nuestra capacidad de asombro, hagámonos conscientes y evitemos el morbo.

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