La polarización va a traer consecuencias. No vendría mal ir alertando que las secuelas son de alto riesgo y mayor polarización.

No hay indicios de que los escenarios cambien a lo que se suma que no se vislumbran genuinas voluntades para atemperar los ánimos para buscar entendimientos.

El discurso presidencial se establece en función de los ataques que recibe su Gobierno, los cuales se han intensificado. En el camino también trata de no dejar pasar nada siendo reactivo y cuando se da a conocer información que no le gusta o incomoda habla de los famosos otros datos.

El jueves se dio otro ejemplo de ello. La Cepal reportó la pérdida de 500 mil empresas por la pandemia ante lo que el Presidente reaccionó de inmediato asegurando que tiene otros datos, los cuales no se han dado a conocer. En situaciones como éstas plantea que tiene otra información que en muy pocas ocasiones la hace pública.

Es indispensable que la sociedad conozca esos otros datos, porque el Presidente debe asumir que no es suficiente su palabra a la cual va alcanzando la terca realidad.

De manera paralela cada vez es más evidente que los señalamientos al Presidente están pasando al mismo tiempo por críticas profundas y fundamentadas, a las cuales López Obrador parece que “ni los ve ni los oye”, pero también está enfrentando acciones y reacciones torpes, clasistas y carentes de argumentos que por principio le conviene revisar a pesar que, insistimos, estén cargadas de banalidad y un profundo y lamentable clasismo.

En función de lo que el país está viviendo, y ante un proceso electoral estratégico, no se ve cómo pueden cambiar los escenarios. Si hace algunos meses se llegó a pensar que la llegada del coronavirus cambiaría en algún sentido las confrontaciones hoy parece definitivo que se han enquistado e incluso agudizado.

Lo que viene no va a ser muy diferente de lo que vivimos. No hay signos de que el Presidente vaya a buscar mecanismos de comunicación y relaciones distintas de las que medio tiene con el sector privado.

La única manera en que esto pudiera suceder es que no tenga otra opción que acudir a los empresarios como tablita de salvación para su proyecto, pero quizá incluso en medio de esa coyuntura el Presidente estaría buscando, en función de quien ha sido a lo largo de su historia, otra puerta.

El gran problema que puede terminar enfrentando López Obrador es que al no tener referentes, más allá del de sus entregados incondicionales, pierda las necesarias miradas externas que le permitan tener una visión integral del país para la gobernabilidad.

El coronavirus ya forma parte de la polarización. Las críticas al manejo de la pandemia y a las mediciones sobre personas contagiadas y fallecidas, al Gobierno le pasan de largo a lo que se suma que el afamado vocero ha ido dejando a un lado su papel de científico para convertirse en militante, por como van las cosas parece ser cuestión de tiempo para que termine siendo un chivo expiatorio.

El viernes el Presidente le puso más enjundia a la polarización. Se fue contra las clases medias asegurando que ellas junto con las clases altas están en su contra. Lo paradójico es que su triunfo tuvo en esas clases medias una base que vista a la distancia pudo haber sido una de las claves para su victoria.

Sin hacerle a agorero del desastre el futuro se ve incierto, pero lo más grave es que nos va a encontrar enfrentados. Todavía hay puertas quizá más de las que imaginamos, el gran reto es la voluntad y convicción para abrirlas.

Hay que evitar aquello de cuando las cosas están mal pueden estar peor; el Presidente tiene las llaves de las puertas, en muy buena medida está en él.

RESQUICIOS.

Los números diarios sobre Covid-19, no olvidemos que son nombres y apellidos, no pueden entrar en los terrenos de la rebatinga. Da la impresión de que el Gobierno no quiere enfrentar un debate serio con los especialistas que a diario muestran científicamente que ahora sí hay otros datos.