La gran disyuntiva para Morena en los próximos años será pasar de ser un movimiento social a un partido político. Todos sus signos y manifestaciones son que sigue actuando como si estuviera en campaña, cargado de voluntarismo, solidaridad y crítica al pasado, de la mano de su líder indiscutido.

Esto es también, paradójicamente, uno de sus grandes problemas. López Obrador es su eje, pero el partido depende y gira sólo sobre él, quien construyó una organización a su imagen y semejanza.

La mayor parte de los retos que enfrenta Morena se basan en la confianza y certeza de que detrás de cualquier decisión que se tome está bajo el amparo del López Obrador.

Morena no se explica, ni se entiende, sin el tabasqueño. Lo que no puede dejar de contemplarse es que este nivel de concentración puede significar que todo empiece y termine en López Obrador, bajo la obviedad de que es eterno; y por más obvio que sea, hay que recordar que no lo es.

La sociedad mexicana quiere, y exige, respuestas inmediatas en medio de la gran cantidad de adversidades en que vive, pero no se pueden dar bajo políticas en las que se resuelve el presente sin pensar y construir el futuro.

Está claro que con tantos problemas lo ideal sería resolverlos en el aquí y ahora, pero es evidente que no existe la capacidad para ello. Sin embargo, no por ello se debe apostar a modelos efectistas pero que pudieran ser, al mismo tiempo, de un precario futuro.

Morena tiene a López Obrador como su único referente. No hay duda que es un bastión fundamental y no se puede pensar, por lo menos por ahora, en la existencia del movimiento sin él. Sin embargo, en Morena deben diseñar e imaginar el futuro, porque eso significará sobrevivir pero, sobre todo, conservar y consolidar su proyecto.

Agreguemos a esto que, como cualquier institución partidista, van a empezar a surgir problemas internos en la organización; más de alguno ya está a la vista. La soberbia es un elemento que puede convertirse en uno de sus grandes problemas, si no es que ya lo es. Morena tendrá que convertirse en un auténtico partido político, entendiendo y reconociendo que las democracias están en un proceso de transformación e incluso, de muy inquietantes cuestionamientos.

No sabemos cuál será el futuro, pero lo que sea, tendrá durante largo tiempo al sistema de partidos como eje social de participación, de organización y, sobre todo, de convivencia y acceso al poder. Morena debe cuidar que no le vaya pasar lo que sentenció uno de sus principales adversarios y al que le gusta tener en la mira.

Felipe Calderón lanzó hace años una declaración multiusos: no vaya a ser que ganemos Los Pinos pero al mismo tiempo perdamos al partido. De alguna manera así les vino a pasar. A pesar de que Acción Nacional es hoy la oposición más firme, está en crisis, lo que incluye su propia identidad.

Nadie ha dicho en Morena que los caminos iban a ser sencillos, por más que el Presidente lance declaraciones cuestionables, por aquello de que no es complicado gobernar. Lo definitivo es que no se puede gobernar con voluntarismo, ni tampoco con declaraciones bien intencionadas.

El próximo problema que deberá atenderse en Morena serán las elecciones de 2021. No va ser fácil seleccionar a sus candidatos, a pesar de la existencia de su gran elector; pareciera que no hay conciencia del oportunismo que los rodea.

Con razón se puede decir que Morena está en el mejor de los mundos; sin embargo, no se va a quedar en él sólo por su líder.

Trabajar el futuro es prepararse para cuando éste los alcance.

RESQUICIOS.

Pareciera que Javier Duarte tiene vía libre en la cárcel; por lo que se ve, habla con quien quiere y cuando quiere; ha de tener teléfono, y en una de ésas, hasta computadora. Sorprende que en las últimas semanas difunde videos, le hacen entrevistas y manda textos para hacerse presente. Algo le deben, algo sabe, o se le debe aplicar lo del dentista: ¿verdad que no nos va a doler?