Madrid.- Uno de los subtemas que conforman la agenda de la COP 25, que se está celebrando en esta ciudad, tiene que ver con densidad de población y migración.

Este fenómeno ha convertido a Europa en una sede natural para hombres y mujeres que dejan sus lugares de origen.

Los migrantes vienen de África y Asia y han encontrado en este continente un lugar para establecerse. El hecho, sin ser nuevo, se ha agudizado. Mucho se ha debatido el hecho que muchas personas lleguen particularmente a Italia, lo que ha provocado controversias debido a que la migración en muy pocos casos pretende establecerse en este país.

Lo que pretende la gran mayoría de migrantes es llegar a Italia para moverse a otros destinos. El debate interno en Italia ha sido y es rudo, cayendo en discriminación y racismo hacia los migrantes.

A esto se le suman las marcadas condiciones adversas en que se encuentran los migrantes, lo que provoca enfermedades en medio de los brutales e inhumanos hacinamientos.

En Europa saben que el fenómeno migratorio no va a parar. Si bien se puede relativamente frenar la migración hacia las naciones europeas es materialmente incontrolable. No hay manera de hacerlo mientras no haya condiciones favorables, tanto económicas como políticas, en los países que están expulsando a sus ciudadanos.

En el debate se ha identificado la parte que tiene que ver con la decisión de muchas personas de migrar a otros lugares ajenos a su origen. Esta tendencia ha ido creciendo de manera muy particular entre la gente joven, la cual por diferentes razones ha dejado sus lugares de origen.

Un especialista refiere que las razones pasan porque hoy la gente tiene más información, producto de las nuevas tecnologías, “todo está cerca” y lo que se ve a través de las redes se convierte en aspiracional como forma de vida.

La construcción de las familias tiene nuevos matices que llevan a que muchos jóvenes, con relativa facilidad, dejen a los suyos para emprender sus propios proyectos.

Pero como bien se sabe, está la otra migración, la ruda, dolorosa, que rompe familias, la que obliga a los individuos a abandonar su lugar de origen porque están entre la vida y la muerte, y la que lleva a largos y peligrosos viajes para poder alcanzar una vida diferente.

México es parte del debate. No necesariamente nuestro país tiene una buena imagen, respecto a sus estrategias en materia migratoria. Hay mucha crítica sobre cómo el Gobierno se ha vuelto “dócil y sumiso” ante las políticas y exigencias de Donald Trump.

La migración africana ha llamado la atención; sin embargo, se reconoce como numéricamente menor. En algún sentido México vive una situación como la de Italia. Los migrantes llegan al país como medio para tratar de llegar a EU, lo que ha pasado es que en el camino muchos han optado por quedarse en nuestro país. No es que sea una decisión consciente, más bien es una especie de plan B que se plantea sobre la marcha.

Las condiciones de vida de los migrantes son parte del gran debate. En muchos casos afecta de manera significativa a las comunidades donde llegan; los ánimos, confrontaciones y protestas se agudizan, al tiempo que surgen lamentables expresiones racistas y discriminatorias.

La discusión sobre el planeta pasa por una infinidad de subtemas. Somos muchos quienes habitamos el mundo, a lo que se suman las enormes concentraciones de población en las grandes ciudades; las pocas alternativas para resolver nuestros problemas esenciales; el cambio climático; la deforestación; la migración que se ha intensificado y que provoca que cambie el rostro de vida de muchas personas, familias y comunidades.

Todo esto también está en la COP 25.

RESQUICIOS.

Un interesante debate ha suscitado la mediática Greta Thunberg. Por más que la adolescente quiere pasar de largo no hay forma de que suceda, en algunos casos han surgido voces que piden que la dejen en paz, lo cual no se ve por dónde pueda pasar. No es un exceso, Greta ya es un personaje en este planeta.