Las consultas ensanchan la democracia. La infinidad de temas que la sociedad enfrenta no pueden postergarse, o pasárnosla esperando pacientemente que a través de un proceso electoral se discutan y se decida acerca de ciertos temas.

La cuestión está en la forma y el fondo bajo el cual se realizan. En esto todo cuenta, desde la metodología que se utiliza, pasando por la manera en la que se redactan las preguntas, hasta la muestra que se considera para darle valor representativo al ejercicio.

No tiene sentido apelar a las consultas cuando éstas no cumplen con los requisitos básicos de organización y metodología. Al final, lo que se pretende es más que consultar, buscar un mecanismo para justificar una decisión tomada con anterioridad.

Muchas veces se usa la consulta para decidir lo que se quiere desde el poder o desde la perspectiva de quien la realiza. Por más que al final se tomen decisiones en función de las consultas, si éstas no cumple con lo básico, para lo único que sirven es para justificar decisiones. Lo que al final puede resultar más serio, es que por ello se desacredite el ejercicio per se, siendo que si algo busca es encontrar mecanismos de soluciones colectivas.

Independientemente de lo que acabe por pasar en la consulta que se llevó a cabo en Baja California, todo podría terminarse por verse manipulado. Se aplicó una consulta que de manera clara y con bases es cuestionada por el INE.

Difícilmente el resultado será contrario a Jaime Bonilla, quien a través de vericuetos legales está tratando de ser gobernador por cinco años. Recordemos que el proceso en el cual participó y ganó estaba claramente establecido; quien gane la elección gobernará por dos años.

Sin dejar de reconocer el valor de las consultas, nos hemos encontrando con que al Gobierno le ha dado por una especie de “consultitis”, sin reparar en la importancia que tiene el cómo hacerlas, lo cual es lo que le da valor, sentido y representatividad.

La multicitada consulta acerca de la construcción del NAIM no nos dejó la mejor de las herencias. El ejercicio resultó desigual, a lo que se sumó que el entonces Presidente electo acabó por participar, por más que haya dicho que no haría público su voto.

Jaime Bonilla sigue caminos similares contando con que su “amigo”, el Presidente, no ha sido claro respecto a lo que piensa de ello. Este fin de semana, López Obrador de plano envió el proceso, pase lo que pase con la consulta, a la Corte.

A diferencia de ello, Olga Sánchez Cordero ha sido consistente y clara respecto al debate que se ha suscitado en BC. Lo ratificó en su comparecencia, donde fue suficientemente clara para despejar cualquier duda, a pregunta expresa de la claridosa Beatriz Paredes.

Todo indica que vamos a tener por delante muchas más consultas. Insistimos: es un ejercicio por innumerables motivos importante y estratégico; pero mientras no queden claras las reglas, las consultas van a terminar definiéndose por quienes las hacen y no por quienes participan en ellas.

Si queremos alentar la necesaria participación de los ciudadanos, se tiene que ofrecer claridad y, sobre todo, certidumbre. Para ello es imprescindible ofrecer información que les permita decidir; no se trata de llegar a las consultas en medio de procesos manipulados, que de alguna u otra forma, ya tienen definiciones establecidas. Se requiere que los participantes tengan información clara y precisa, que les permita tener criterios para decidir.

Las últimas consultas que se han hecho no necesariamente arrojan un buen balance. No las desacreditemos; más bien, pongámonos de acuerdo con los especialistas el cómo hacerlas.

La consulta de ayer, en BC, sea cual fuere el resultado, todo indica que terminará por agrandar el lío que ya tienen.

RESQUICIOS.

Cada vez está siendo más difícil contener a los migrantes en la frontera sur. Van tres días de manifestaciones, en que si las cosas no han pasado a mayores, dirían las abuelitas, es un milagro.