La vida política nos da sorpresas y el “Súper Martes” fue una de ellas. Joe Biden, quien estaba prácticamente fuera del juego, tuvo uno de los regresos electorales más impresionantes de la historia norteamericana. Sin mucho dinero, con un terrible inicio en Iowa, New Hampshire y Nevada, enfrentando a un movimiento de gran energía como es el de Bernie Sanders, y al millonario Bloomberg, quien gastó una fortuna en publicidad, Biden logró resurgir de sus propias cenizas y convertir las primarias demócratas en una carrera es de dos.

Después del “Súper Martes” la decisión es clara para los demócratas: Un moderado que le apuesta a la unidad, a mantener el Congreso y ganar el Senado, a llevar a cabo cambios paulatinos con la ayuda de los republicanos, a devolver el liderazgo de Estados Unidos en el mundo; o un social-demócrata que le apuesta a la izquierda europea, a promover cambios radicales en la política nacional, a enfrentarse con las élites en el ámbito económico, de salud, y ambiental. Pero quizá es aún más importante la elegibilidad, saber quién puede ganarle a Donald Trump: el moderado que capta el voto afroamericano y de clases medias trabajadoras, o el social-demócrata que energiza a jóvenes e hispanos.

Estados como Virginia, Carolina del Norte, e incluso Texas entre otros, condado por condado, muestran que el ex vicepresidente puede movilizar gente en zonas donde los moderados que habían votado por Obama, le dieron el triunfo a Donald Trump en 2016. Y lo hizo sin muchos recursos. Ahora tendrá el apoyo de Bloomberg y sus millones.

APUNTE SPIRITUALIS. Pero, ¿qué tanto durará el moméntum de Biden? ¿Podrá realmente consolidar este regreso? ¿Mejorará en los debates? Habrá que ver en las próximas semanas. Lo cierto es que esto no se acaba hasta que se acaba, y Bernie Sanders tiene mucha vida aún con su movimiento, y así como Biden tendrá un empujón de la élite demócrata, Bernie será ayudado quizá por los rusos, quizá por la misma Casa Blanca.