“Un día más… y un día menos” así decía una tía justo antes de acostarse a dormir por las noches. Aunque lo hacía tras recitar un larga oración, a mí aquella frase me sonaba como a una sentencia escalofriante que anunciaba que la muerte estaba un paso más cerca de venir por nosotros. Sin embargo, mi tía tenía razón; cada día que pasamos es un día que se le resta a nuestra existencia y así vivamos 80, 90 o 100 años, nunca nos parecerá suficiente.

De lo bueno siempre queremos más. Queremos más risas, más abrazos, más besos. Queremos que la gente que amamos se quede con nosotros para siempre. Qué difícil es imaginarse la vida sin nuestros abuelos, sin nuestro padre, sin nuestra madre, sin nuestros hijos… Pero para ellos, los que tienen un lugar especial en nuestro corazón, también el tiempo está corriendo en contra.

No sabemos cuándo será el último día de nuestros días, ese, cuando ya no haya nada más que restar, pero ahora, lejos de la infancia y sus miedos, creo que es mejor mirar al tiempo de frente y —con la humildad de quien sabe que es imposible ganarle a tan implacable oponente— darle una buena batalla aprovechando lo poco o mucho que tengamos de vida.

Cada día es una oportunidad para vivir al máximo pero ojo, no me refiero a la fiesta, o los excesos. Me refiero a hacer el máximo esfuerzo en nuestro trabajo, a expresar al máximo el amor que sentimos por nuestra familia, a poner el esfuerzo máximo por alcanzar nuestras metas. Si cada día vivimos al máximo, cuando nos llegue la hora de morir creo que nos sentiremos en paz, porque habremos llegado al final con la satisfacción de haber dado lo mejor de nosotros mismos.

Aprovechemos el aquí y el ahora: nuestro presente. Este es el momento de consentir a nuestros seres queridos, de pedir perdón por los errores y regalarnos la paz de que surge de limar asperezas, de caminar descalzos en los días de verano, de disfrutar la comida, de hacer una llamada para reconectarnos con amigos del pasado, de reír a carcajadas, de cantar sin pena, de celebrar el hoy simplemente porque estamos vivos.

A lo largo de los años, habrá quienes marquen un nuevo rumbo en las historia de un país, quienes tracen un antes y un después en las vidas de miles de personas, y habrá también quien sienta que perdió el tiempo, que se quedó con las ganas, que no luchó lo suficiente, que se hundió en el egoísmo o que dejó que el rencor lo consumiera. Es triste, pero cierto.

La cosa es que atreverse a vivir al máximo implica compromiso, valor y energía. Hay que tomar una postura activa y optimista, para que las cosas salgan bien, el tiempo que nos toque estar aquí, para hacer historia, en la vida de un país, o en la gente que nos quiere. Después de todo, aunque el cuerpo muera, el espíritu sigue y, al morir, viviremos por siempre en la memoria de quienes nos aman.

Twitter: @claravillarreal

contacto@claravillarreal.com