Hace unos días, la supuesta activista Estefanía Veloz desató controversia en redes sociales por sus “brillantes” comentarios sobre el evento de la Fórmula 1 en la Ciudad México. En un programa de televisión la militante de MORENA, felicitó al gobierno de la Ciudad de México por haberse deslindado de un evento de talla mundial, que pone el nombre de nuestro país en alto, y que además, genera una derrama económica muy importante. Por otro lado, lo criticó como un espacio fifí y lo catalogó como un tema de la “pigmentocracia”.

Quisiera primero, explicar de manera muy breve sobre el significado de la terminología que usó esta mujer. La pigmentocracia, es un terminó que utilizó por primera vez el fisiólogo chileno, Alejandro Lipschutz, para definir la división de la colonización española y cómo nacían las jerarquías en base a tu estructura racial y color de piel.

Hay algo aquí que me preocupa mucho.

Estefanía se dice ser una luchadora social, que pertenece al partido en el poder; utiliza los espacios masivos, como la televisión, para seguir generando división con un discurso falso y sin argumentos.

Es imposible negar que en México existan diferencias sociales. En lo que no estoy de acuerdo es que a personas como ella, les dé gusto que desaparezcan eventos en el que muchas familias mexicanas salen beneficiadas; y cuando hablo de familias, me refiero a familias de todos los estratos sociales.

Es de verdad alarmante que los mexicanos sigamos polarizándonos día con día. Es como una guerra que su esencia aumenta cada vez más y más; y honestamente, no le veo fin.

De un lado se están las personas que se encuentran en el poder. Dichos personajes se la pasan acusando los errores del pasado y varios aprovechan el hartazgo de la gente para engañarlos. Lo que no saben es que las promesas tienen fecha de caducidad y que pronto, muy pronto, estaremos exigiendo resultados.

Del otro lado, la supuesta oposición, conformada por diversos partidos políticos, que aparentemente, lo único que les preocupa es recuperar el poder. Tal parece que su única misión es el desprestigio del gobierno en turno, y no la de la construcción de un país.

Es notable que los “liderazgos” crean sus discursos de división para su propio beneficio. No se dan cuentan que esta lucha de descalificaciones diarias nos separa cada vez más.

Tengan cuidado, que el problema ya no será la división, sino la reconciliación.

¿Y nosotros qué?